¿Debo entrenar cuando estoy enfermo?

Es una pregunta que los deportistas habréis formulado muchas veces, y los entrenadores hemos escuchado otras tantas, ¿qué debo hacer cuando estoy enfermo? ¿continuar con mi planificación programada o descansar? ¿Va a ser peor o mejor? A pesar de que no existe un gran número de estudios científicos al respecto, sí hemos encontrado algunas referencias de un estudio en la revista Medicine & Science in Sports & Exercise, dirigido por Thomas G. Weidner, que concluía sobre 50 sujetos con edades comprendidas entre 19 y 29 años, inoculados con un rhinovirus (resfriado común), 34 continuaron entrenando (40′ a 70%FCM a días alternos) y 16 reposaron. En él se observó que no hubo diferencias de tiempo de recuperación entre el grupo que siguió entrenando y el que descansó, y sorprendentemente, ¡tampoco de rendimiento en capacidad pulmonar!


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Lo primero que debemos evaluar nosotros mismos es si existe fiebre, y de ser así, renunciar a la actividad física. A pesar de que la fiebre es una respuesta inmunológica inespecífica, no debemos arriesgarnos a elevar todavía más la temperatura corporal, sumando la propia de la fiebre a la actividad física.

 

La segunda autoevaluación es si los síntomas son “por encima del cuello” o “por debajo del cuello”, es decir, si tenemos dolor de cabeza y/o garganta, lagrimeo, mucosidad alta, etc. o por el contrario sentimos fatiga, dolor de huesos, dificultad respiratoria por congestión u opresión. Sin duda los segundos son más graves que los primeros, y nos deberían servir de aviso para valorar la suspensión del entrenamiento, mientras que los síntomas de la primera lista incluso pueden aliviarse con una actividad física adaptada, cambiando por ejemplo la jornada de bici de una tarde de invierno, por la sesión de gimnasio en caso de estar resfriado. También debemos atender a si vamos a usar o no medicamentos, ya que estos pueden alterar tanto nuestra sensación subjetiva sobre la enfermedad, haciéndonos creer que estamos mejor, como nuestros parámetros fisiológicos, como temperatura, presión arterial y pulso en reposo y esfuerzo; por lo que debemos prestarles mayor atención y controlarlos.


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Por último recordar que el ejercicio moderado contribuye a mantener activo el sistema inmunológico, pero cuando aplicamos alta intensidad el beneficio queda invertido, especialmente cuando los tiempos de recuperación no son suficientes. Prestar atención a la misma, y reducir las cargas cuando nos sentimos muy agotados puede ser de gran ayuda para no terminar cayendo enfermos.

Conoce algo más al autor de este post:

Juanjo Martinez
Fisio y Nutricionista del equipo M3T

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